Y ahora nuestra sociedad –la misma a la que he aludido en otras ocasiones- empieza a considerar la creencia de que la mujer se siente más libre en este siglo. Como concediéndole otro papel diferente al que ha estado sujeta por imperativos sociales fundamentalistas.
Sentirte extraña a un mundo en el que intentas no sobresalir ni ser diferente para que te dejen en paz, es una dura lección de supervivencia. Pero con un poco que te dediques a investigar la historia, compruebas que siempre ha habido mujeres y hombres que se han salido de la norma.
Me entiendo muy bien con las generaciones anteriores a mí, e incluso me llevo genial con los jóvenes, pero no hay manera con las dos generaciones siguientes a la mía. Digo libertad y entienden libertinaje. Digo ahora, en el momento, y entienden siempre. Digo amor y entienden compromiso. Digo compromiso y entienden cadena.
Vivir es un compromiso, los amigos son compromisos, ser feliz es un compromiso, el mundo es compromiso.
Si no son conscientes de esto ¿cómo van a saber lo que quieren? Por mucho que busquen jamás estarán satisfechos.
La cuestión no es cuál sea tu papel en el entorno, sino la idea que te haces de las circunstancias que te rodean.
En tanto yo concluyo, que mi felicidad tan sólo consiste en volver favorables a mi idea todo aquello que me sucede, mi nuevo amigo piensa que la suya consiste en conseguir aquello que le hace cambiar de idea volviéndola favorable.
¿Materialismo? -pregunto yo- No, intervencionismo –contesta él-
¿Idealismo? -pregunta él- No, quinto poder –contesto yo-. Ambos reímos.
Vive con ella desde hace varios años. Viudos los dos. Cada uno lleva su vida social a su manera, y en su intimidad disfrutan de los gustos comunes y respetan los que no comparten. Lo llama “hay sal” (AISAL, Asociación independiente sin ánimo de lucro).
Ha pasado el tiempo tan rápido que al despedirse como todas las tardes me ha parecido regresar de otro mundo.
Magnifica sensación, a la que solo le faltó música.
Discover Stacey Kent!








