martes, 1 de junio de 2010

Lonja de los Mercaderes (I)



Subo la escalinata hasta la gran puerta y cruzando el salón de columnas salgo al jardín, paseo junto a la pequeña fuente estrellada hasta el otro lado del patio y espero a Nicolás sentada en el poyo de la magnífica ventana enrejada.


En la quietud del patio de los naranjos llama mi atención al otro lado de la estrecha calle, frente al ventanal y pegado a la puerta acristalada un pequeño cartel blanco con letras negras: “OBRA EN VENTA”, me hace descubrir al fondo de la habitación un cuadro iluminado con la cara de un hombre de mirada penetrante, resaltando rojos y amarillos
¡Cuánta belleza a mi alrededor!


Delante tengo la alta escalera de piedra, no puedo evitar la tentación de subirla y quedo varada en la preciosa puerta ante el salón del “Consulado del Comercio”, entro despacio, busco asiento en el rincón más silencioso y desde allí dejo vagar la vista por la historia, el arte, la vida.

Desvanece el pasado la luz eléctrica, brilla donde en otro tiempo estarían las sorprendentes velas alumbrando la oscuridad de los portones cerrados con luminosidad titilante.

Entre el tenue rugido de los motores que de vez en cuando pasan al otro lado de los gruesos muros, se oye el piar de los pájaros, el ulular de la brisa y las campanas que voltean no muy lejos


He llegado pronto, bajo de nuevo al balcón del jardín a esperarle.

Sentados en el poyo donde hace siglos reposarían las posaderas de acalorados comerciantes, nuestra conversación se centra en la maravillosa Lonja, construida en pleno siglo XV cuando Valencia era el centro comercial del reino de Aragón, en pleno auge de la fabricación de seda y con veinticinco mil telares solo en la capital, se hizo necesario centrar el comercio que realizaban en las puertas de las iglesias y los mercados, en un edificio sin par que se edificó sobre la demolición de 25 casas de las de entonces.

Nicolás habla enamorado de este sitio, me emplazó a venir el día que leyó sobre los “chocantes” que visitaban la ciudad.

Relata con cariño las sorprendentes utilizaciones a la que ha sido destinada. En la época foral tenían lugar las subastas de arriendos de los derechos de la Generalidad del Reino, sirvió de improvisado depósito de trigo en tiempos de escasez de grano, tras la Guerra de Sucesión de la Corona Española fue cuartel militar, y el jardín, cocina para la tropa, se le llamaba “El Principal”. Improvisado hospital en las oleadas de cólera y peste del s. XIX, tras la Guerra Civil española la República celebraba las reuniones de las Cortes Españolas, y hasta hace bien poco los domingos abría para albergar a los filatélicos y numismáticos, así como a las exposiciones del Ninot de Fallas donde por votación popular se indulta solo a uno para que no sea quemado.

Ensimismados en nuestros pensamientos mientras a nuestro alrededor un grupo de extranjeros recorrían el lugar mirando y comentado detalles de las estancias, guardamos silencio hasta que volvimos a quedarnos solos en el ventanal del jardin. Nicolás me dijo:

-Mi abuela me traía justo a este lugar y me contaba historias. La que más me gustaba y le hacía repetir siempre era la de su abuela, mi tatarabuela. ¿Quieres oírla?
-Si me dejas escribirla en mi blog, si. Y si no, también.
-Me gusta que escribas las cosas que te cuento. No todas ¿eh?

Cuento esta historia siguiendo el hilo de Nicolás, pero añado algunos matices de mi cosecha que me parecen sumamente interesantes, y que después de comentarlos con él y hacerle sonreír, doy por aprobados.

“Corría el año 1857, más o menos, tendría ella unos doce años. Desde bien pequeña sabía que era el ojo derecho de su padre. Siempre le dedicaba su tiempo libre y le dejaba estar en su despacho cuando se encerraba a trabajar. Se sentaba sobre un cojín en la alfombra cerca del fuego con su juguete favorito, siempre el último que le había traído él, y casi en silencio jugaba mientras espiaba a su padre. Llegó a conocer todos sus gestos de desasosiego, preocupación, tranquilidad, alegría.
Su madre, sus hermanos, amigos íntimos de la casa y hasta el personal de faena, todos, se acostumbraron a hablar delante de ella, incluso cuando peleaban ella permanecía quieta, y aprendió a no asustarse. En secreto sin que su madre lo advirtiera, la enseñó a leer y a hacer cuentas, sentada en sus rodillas miraba y escuchaba. Cuando advertía su necesidad de concentrarse en algo, sin molestarlo resbalaba de su regazo y volvía a su juego mudo.

Su madre en cambio la instruía en el arte del disimulo, en el de la persuasión, la trama y la astucia, en el uso de su candidez y el de la simpleza, la extorsión y la mentira, armas infalibles en un mundo donde solo cabían dos posiciones, la de circular como signo fiduciario, objeto de trata e intercambio para reproducción del capital simbólico de los hombres, o la de utilizar ese mismo miedo a lo femenino en que se entrampa el privilegio masculino, haciendo de la virilidad un ideal que solo les procura una inmensa vulnerabilidad ante lo femenino.

Vaya si le sirvieron aquellas armas, el primero con el que las utilizó fue su padre. Se daba cuenta que él fue también su maestro, le enseñó cómo sacar partido a todas ellas, cada vez estaba más segura que la vio venir en más de una ocasión, guiándola con sus negativas o sus condicionamientos para conseguir lo que se había propuesto. Y se había propuesto nada más y nada menos acompañarle a su trabajo, a la Casa de los Mercaderes donde realizaba la compra-venta de los géneros que negociaba.

La primera negativa la recibió arrugando el ceño y apretando la boca en un gesto que a su padre le causaba ternura. La segunda vez preguntando abiertamente el por qué, quedándose con una explicación nada convincente, pero de la que sacó razones para ir abatiendo la resistencia de su padre…”




Hoy me he acercado para saber del autor de la “OBRA EN VENTA”, y en la misma puerta he encontrado la web de Patricia Iranzo:
http://patriciairanzo.com/index_pintura.php?cuadros=7

6 comentarios:

ybris dijo...

No hace mucho que anduve por allí.
La próxima vez veré esa lonja con otros ojos.
Y me acordaré de esa historia traída bellamente desde hace doscientos años.
Un gusto leerte.

Gracias. Besos.

gaia07 dijo...

Un placer saber que la conoces.
La próxima vez has de darme la oportunidad de mostraros cuantas curiosidades y “críticas” se pueden descubrir en sus relieves, por estos lares reina la chulería pero la acompaña un ingenio caricaturista y ocurrente con lo social y mandatarios digno de Quevedo. Y un aguante sin parangón.
Gracias a ti por tu tiempo.

Un beso enorme.

virgi dijo...

Querida Gaia, pasamos cerca de Valencia hace muchos años, camino de Francia e Italia, pero no entramos. Ahora sé que es muy bella (tengo familia por ahí) y más que la siguen dejando.
Es precioso lo que nos muestras y cómo lo aderezas. Mientras, oigo el sonido maravilloso de la flauta. Gracias, un cielo que eres por enriquecerme.

gaia07 dijo...

Entonces tienes pendiente una visita a la ciudad y a mí. Ya me avisarás.
Compartir es lo más maravilloso de este mundo, y cuando te hacen ver que lo disfrutan resulta muy estimulante.
Eres un encanto, que lo sepas.

Un beso.

mirada dijo...

Si, que es un gustazo leerte, sigo a la espera de la segunda parte...
:-)

Eres un cielo.

Un abrazo enorme.

gaia07 dijo...

Gracias por mirarnos a todos con tanto cariño.

Hay algo que me preocupa ahora y aún no se cómo expresarlo sin ser incendiaria, parecer ilusa o incluso flemática, pero… sí quiero que me entiendan insurrecta, soñadora e incluso rampante.

Estas exaltaciones mías debiera dejarlas en una sección de “soplos coyunturales”.

Un abrazo, guapa.